Podcast voluntarios/ Jaime Rubio

Jaime Rubio desde su profesión como ingeniero de sistemas ha aportado nuevas herramientas a la fundación. Aquí conocerás su historia y cómo este servicio ha cambiado su vida de manera positiva.

Podcast voluntarios/ Monica Hernández

Cofundadora FUNDEI, madre de Mateo Aponte, un niño de 12 años con síndrome de Down.

FUNDEI nace gracias a él, y a la necesidad que vimos en la localidad de poder ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidades cognitivas y sus familias.

Edgar Martinez: talento musical.

Uno y otro golpe. Quizás la vida quiso golpearlo, pero él transforma estos golpes en alegría y felicidad. Suenan los tambores y los platos al compás de la música y él allí sentado, golpeando con gran sentimiento la batería.

Edgar David Martínez nació el 12 de junio de 1983, siendo el menor de cuatro hermanos trajo mucha felicidad  a la vida de su padre Gilberto Martínez y su madre Gladys Perez, quien ya falleció. Inició sus estudios en uno de los mejores colegios de la localidad de Fontibón. En aquel lugar una de sus profesoras notó que Edgar en ocasiones era distraído y frecuentemente manifestaba somnolencia en las clases, razón por la que sus padres deciden llevarlo inmediatamente para que le hagan una revisión médica.

Edgar fue diagnosticado con una deficiencia en el aprendizaje llamada: Retraso cognitivo leve. El psicólogo en esa época recomendó que no se le forzara en su formación académica. A mediados de ese mismo año, se retira de la institución y comienza a participar en otras actividades en centros de educación especial, en donde le enseñaban a hacer manualidades y enfocarse en las artes.

Con el paso del tiempo, a la edad de 15 años, su padre comienza a asistir a una iglesia cristiana que cambia un poco sus creencias. Edgar también empieza a congregarse en este lugar, donde se bautizó y conoció algo que le llamó mucho la atención; la música. Inquieto por ello, pronto logra incorporarse en el grupo musical de la iglesia, pues vieron en él un talento innato y comienza tocando los bongos.

En la actualidad, lleva 20 años en la congregación, y diez de estos los ha dedicado a tocar la batería en la alabanza, además participa en diferentes actividades dominicales. Debido a una crisis económica familiar se tiene que trasladar a la localidad de Suba, a la casa de su abuelo materno, pero esto no fue impedimento para Edgar, ya que siempre busca la manera de asistir a la Iglesia de Fontibón para  participar en las actividades musicales que proponen.

En el año 2016 inicia su proceso en FUNDEI, una fundación que brinda apoyo profesional y humano a personas con discapacidades físicas y cognitivas. Allí se incorporó en las clases de música y participó en las tres versiones de “Inclusión es diversión”. Para los años 2018 y 2019 se presentó en el evento “La buena vecindad”, en el colegio Gerardo Molina Ramírez (institución que le da prioridad a la inclusión), donde asistieron más de 3200 invitados. Allí Edgar ha demostrado que es un artista integral, aprovechando todas estas actividades que contribuyen al desarrollo cultural y la propagación del arte.  Edgar es ejemplo de vida, un ser humano que enseña que independientemente de las discapacidades que se tengan, cuando se anhela algo, se puede conseguir a pesar de los golpes que la vida nos quiera dar.


El arte de un mundo diferente

En el año 1994, el 26 de marzo, nació un artista empírico llamado Erick Santiago Caicedo Roa, desde temprana edad empezó a explorar el arte del dibujo, siempre representando la realidad que lo rodeaba. En su adolescencia su creatividad había crecido demasiado, tanto fue así que empezó a vender sus dibujos y pinturas a sus más allegados. Quiso expandirse tanto, que a la edad de 18 participó en una feria de emprendimiento en Medellín, la cual se llamaba, “Comic Familiar”.

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Al terminar su bachillerato, se presentó a la academia de artes, al no ser aceptado, Erick no se dió por vencido y optó por estudiar un técnico en lo que más le gustaba, mientras conseguía dinero para continuar profundizando su arte. Cuando consigue un trabajo en la ciudad de Bogotá, empieza a exhibir sus dibujos en el pequeño escritorio que le habían designado y es así como consigue el puesto de diseñador, conceptualizando cada imagen que le pedían, todo parecía estar bien, hasta que empezaron los primeros síntomas de su enfermedad, Esquizofrenia, catalogada así por él mismo. Es así, como Erick por un tiempo, deja el artista interior que lo caracterizó desde el día que nació.

Erik empieza su lucha y recuperación, después de un año vuelve a coger sus colores y acrílicos, es ahí donde simboliza su locura y delirios que enfrentaba como mejor mecanismo de expresión, una vez más su arte no lo dejo solo, se podía definir como: “la interpretación freudiana de su visión ante lo que lo rodea, muchos de sus dibujos son escritos he incluso poemas”.

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Años siguientes conoció FUNDEI en donde empezó a dictar clases de arte, dedicando todo su conocimiento e interpretaciones del mundo. Nos da a entender que las discapacidades cognitivas y mentales no son un impedimento para continuar con los sueños y metas trazadas. Allí conoció muchos amigos, entre ellos Nicolás Mayorquín otro profesor de artes, en la actualidad se apoyan mutuamente compartiendo diferentes saberes.

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En el año 2017, se presenta en el evento “Inclusión es diversión”, exponiendo sus obras, las cuales iban inclinadas hacia las artes plásticas. En el 2018, se presenta en el colegio Gerardo Molina Ramírez, en el evento “La buena vecindad”, en donde asisten más de 3200 invitados ya que para esta institución es primordial la inclusión. Aquí muestra una galería de su arte más preciado, junto a otros compañeros. En el año 2019, expone una muestra artística en compañía de Nicolás Mayorquin, en el evento “Inclusión es diversión”, en la versión de este evento. En ese mismo año, participó en “Subamos el ánimo” siempre acompañado de su arte.

Sarah Gutierrez

Es el año 2008 y Leidy Vázquez con su esposo están listos para recibir su primera hija, un embarazo muy tranquilo vivió Leidy, hasta que en los últimos meses empieza a notar que su bebé no se movía como de costumbre, con algo de temor, decide visitar al médico para descubrir la razón. Ya allí, los doctores dicen que es algo normal y que la pequeña está bien.
Se llega el día del parto, y a la expectativa de cómo iba a ser la pequeña Sarah sus padres la esperan con amor. Llegan al hospital, entran a la sala de partos y Leidy empieza labor de parto; allí, recostada en la cama, nota algo extraño, pues los encargados empezaron a oprimir con fuerza su estómago con el fin que saliera la bebé; pasados unos cuantos minutos, Leidy ve por primera vez a su niña, y nota que estaba algo morada, sin embargo, no presta mucha atención, pues el sentimiento de alegría era más grande.

Cuando salen del hospital, llegan a casa, se acomodan y empiezan la nueva aventura de ser padres. Con el paso del tiempo y ya con tres meses de edad, la madre de Sarah empieza a notar algo extraño, pues la niña no se movía como otros bebés. Con un poco de angustia, Leidy empieza a preguntar cuál era la razón en los controles que asistían, donde la única respuesta que le dieron era que la niña era muy juiciosa, tranquila y consentida, que debía esperar y con el paso del tiempo ya iba a empezar a moverse como los demás niños.
Una de las recomendaciones fue que la metieran a un jardín donde pudiera compartir con más niños, y así, socializar la ayudaría a moverse más; acción que se demora un poco, pues la niña aún era muy pequeña. Al cuidado de sus abuelos paternos, Sarah fue creciendo, en un entorno lleno de amor. Aunque sus padres trabajaban, cuando llegaban a casa Sarah compartía con ellos, en especial con su papá.

A los dos años Sarah empieza a caminar y a comer sola, aunque fue un poco tarde lo logró. Es así como a los cuatro años la niña entra al jardín infantil, donde se adaptó de manera correcta pues le gustaba socializar con los demás niños. Pasadas unas semanas de estar en el jardín, su profesora empieza a notar que la niña no se mueve como los demás, es por ello que informa a su madre quien toma medidas en el asunto; con una carta hecha por la maestra se dirige al médico para conseguir respuestas.
En el hospital empiezan a tomar exámenes, luego de hacer un encefalograma diagnostican epilepsia, posteriormente hacen más estudios y dan más diagnósticos que no son. En medio de las circunstancias, ha estado su madre, que con mucha fuerza afronta cada diagnóstico, exámenes, procesos de inclusión y demás.
Pasado el tiempo, tras haber estado en terapia de lenguaje, motora y ocupacional, su madre no nota avances en Sarah, es por eso que después de dialogar con el padre de la niña, toman la decisión de inscribirla al colegio. Allí aprendió a desenvolverse en un grupo, pero no aprendió temas como escribir o leer.
Después de buscar nuevas estrategias para que Sarah aprendiera y tuviera más opciones de aprendizaje, Leidy empieza a buscar fundaciones o entidades expertas en el tema. Un día, mientras estaba en la escuela de fútbol con su hijo menor ven un publicidad de FUNDEI, una fundación encargada de fortalecer capacidades en personas en condición de discapacidades cognitivas y mentales.

Llamando la atención de la madre de Sarah ella no duda en comunicarse, después de hablar con una de las directivas, toma la decisión de inscribir a Sarah allí. “Realmente ha sido una ayuda muy grande” dice Leidy; allí Sarah ha fortalecido sus habilidades comunicativas, se expresa y habla más. Sumado a esto, las relaciones interpersonales han aumentado, y su amor y pasión por las artes la motivan e inspiran esforzarse más.
Los domingos Sarah asiste a clases de deportes con sus padres y hermano menor, es un espacio apropiado para ella, pues es feliz con su familia y amigos FUNDEI. El nuevo proyecto y desafío para Sarah, es empezar clases de idiomas, en FUNDEI, han buscado nuevas estrategias para que todos puedan aprender, demostrando que cualquier persona es capaz de conseguir sus objetivos, y que los obstáculos no existen; solo se necesitan ganas de salir adelante.

¡Anímate a ser voluntario!

Hola todos, estamos en la búsqueda de nuevos voluntarios, para nuestra fundación en el periodo 2020-2.

En FUNDEI manejamos población con condición de discapacidad y un gran equipo interdisciplinar. Actualmente trabajamos virtualmente, por la situación que hoy se vive, COVID-19. Pero siempre nos enfocamos en buscar alternativas para nuestra población.
Profesionales en todas las áreas. Para los que deseen hacer parte del equipo FUNDEI pueden enviar su hoja de vida al correo: gestionhumana@fundeicolombia.com.
Para nosotros es importante mejorar la calidad de vida de nuestra población y sus familias.

Únete, se parte de FUNDEI.

Para Tí, Maite Pérez Acuña

El 24 de mayo de 2006 en Orejero- Sucre, nace una pequeña morena con cabello crespo, llamada Maite Geraldine Pérez Acuña en el seno de una familia amorosa conformada por su madre Nurgelis Acuña y su padre Víctor Pérez, quienes, por su alegría desbordante, se reconocen por la costa atlántica colombiana.  Su nombre fue escogido en honor a su bisabuela, quien afirmaba que el nombre Maite se relacionaba con alegría, amor y positivismo. Desde el vientre de su madre se caracterizó por ser una bebé tranquila y desde entonces, fue amada por toda su familia, quienes la esperaban con alegría. 

A los dos meses de nacida Maite fue hospitalizada por gripa, desde ahí los doctores le dicen a su madre que debían hacer un estudio a profundidad porque notaban que la bebé podría tener alguna discapacidad. Desde siempre la acompañaron los abuelos maternos y tíos, después solo fueron sus padres. A los 2 años de edad Maite los sorprende con sus primeros pasos, un suceso que llenó de alegría a todos sus seres queridos. Siempre con una sonrisa, Maite mostraba que no había obstáculos para ella. Cuando sus padres deciden ir a vivir a Bogotá, para buscar mejores oportunidades, la doctora que da continuidad a sus controles les afirma que Maite con 4 años de edad, tiene síndrome de Down, pero esto no fue una noticia desagradable para los Pérez- Acuña.

Asistió al jardín en donde disfrutaba compartir con los demás niños, dibujar y pintar. A los 6 años de edad inicia su primaria en el colegio Gerardo Molina Ramírez; pero el ingreso al plantel educativo fue toda una travesía, pues al tener una discapacidad no querían integrarla en el aula regular. Cuando por fin la aceptaron, los profesores la discriminaron por su discapacidad y afirmaban que ella no podía con ese tipo de educación, insistiendo a sus padres que la inscribieran a otra institución que sí comprendiera y trabajara con niños en su condición.

Al colegio llega una docente llamada Mariela en el momento justo, pues a pesar de la discapacidad de Maite, ella se apasiona por impartir estrategias de conocimiento, exigiéndole aún más que a los otros niños. Desde ahí Maite empieza a disfrutar la etapa del colegio destacándose por su presentación personal, le gustaba siempre ir donde su tía a que le hiciera una trenza diferente cada día para que sus amigas la admiraran, en especial Melissa su mejor amiga, quien era su fiel defensora en los descansos. Amaba la clase de inglés ya que aprendía nuevas palabras que llegaba a compartir en casa con su madre, quien seguía el juego de repetirlas.

Además del colegio, Maite asistía a la Corporación Síndrome de Down, la que se encargaba de sus terapias ocupacionales y apoyo en psicología, esto con el fin de desarrollar y fortalecer sus habilidades. Un día, mientras Nurgelis esperaba en la parada del alimentador, se sube a este medio de transporte Yenny Umaña y su hija menor Valentina, anonadas por la sonrisa y belleza de la pequeña, la invitan a ser parte de FUNDEI, un lugar que abre sus puertas a personas con discapacidad, sus familias y cuidadores. En ese entonces los servicios de la fundación se realizaban en el colegio Delia Zapata. Es así como Maite inicia su trayecto en FUNDEI, donde encontró personas que marcaron su vida.

Amiguera, extrovertida, alegre y juguetona, así recuerdan los maestros de FUNDEI a Maite, pues en cada clase sorprendía a todos con su imaginación y sonrisa, una muy grande, hermosa y sincera. Hubo muchos recuerdos que la destacan, empezando por la clase de dibujo, en donde expresa su maestro Nicolás Mayorquín: “Una vez le tocó dibujar un cuento y empezamos a dialogar e inventar toda la historia y yo la entendía. Era de un sapo gigante, osea, estábamos pensando en cosas raras. Y ella se estaba imaginando que estaba volando en un sapo gigante; de toda la historia no me acuerdo, pero ella estaba metida en el video de que estaba en un sapo gigante”.

Yenny Umaña, directora de la fundación manifiesta que: “Como la describo… como una niña alegre. Una chica en desarrollo, porque ya no era una niña. Ya estaba en proceso de ser una mujercita, ya una joven de 13 años. Que tenía objetivos claros, ella ya sabía que quería ser y hablábamos con la mamá que ella quería ser doctora”. Era tanto amor que sentía Maite por FUNDEI,  que cuando llega Jhon Camacho, quien tiempo después se convierte en su profesor de refuerzos escolares, cuenta que: “Fue una de las niñas que se acercó a mí a decirme que me ayudaba. Muy amable, muy querida. De hecho me dijo como qué necesitaba. Entonces me miró y me mostró la fundación y me presentó a su mejor amigo Erick Amado en ese momento. Entonces fue como muy bonita”.

Jeimmy Alfonso y Jaime Rubio, voluntarios en ese entonces del área de jóvenes,  la recuerdan como: “La más creativa para la danza, en donde diseñó y recreó un vestido para bailar el mapalé y explicó la importancia de este ritmo de la región Caribe”. Maite participaba en todas las actividades y fechas especiales de FUNDEI, en donde proponía nuevos temas y animaba a sus demás compañeros. 

Además del baile, viajar era una actividad que Maite disfrutaba, tenía un espíritu aventurero, con sus padres visitó varios lugares como la Costa, Melgar, Girardot y Villeta. Su padre siempre disfrutaba verla tomar baños de sol mientras sonreía y agradecía por esos paseos. Una actividad que unía a la familia, y más después del nacimiento de su hermano Michael, después de insistir mucho, Nurgelis y Víctor convencidos por Maite tienen su segundo hijo, un pequeño que Maite amaba y protegía como un tesoro.

El martes 21 de mayo de 2019 en la noche, Maite empieza a quejarse de un dolor de estómago, pensando que eran cólicos, su madre le compra una buscapina esperando que la niña se sintiera mejor. Pasadas unas horas, el dolor no cesa, con algo de sed, la niña pide un suero, inmediatamente su madre va y le compra uno. Cuando llega la hora de ir a dormir, Maite expresa que no quiere dormir sola, por eso, su padre se queda en su cama y ella en la alcoba principal en compañía de su madre, quien le empezó a preguntar que si algo estaba pasando, a lo que Maite respondió que no, que todo estaba bien y que siempre la iba a amar mucho. 

A eso de la medianoche, Maite se despierta, se sienta en la cama, mira hacia la ventana y dice “Ay Dios, ayúdame”, inmediatamente su madre le pregunta qué sucede, sin decir nada más que abrázame, la toma en sus brazos y siguen descansando. Nurgelis se levanta a las 4 de la mañana para hacerle el almuerzo a su esposo, le dice a Maite que ya regresa, la niña se queda acostada. Como era de costumbre todos los días antes de ir a trabajar, Víctor se dirige hacia ella  para que  le diera la bendición antes de salir, pero ese día Maite seguía acostada. Por eso, él se acerca, le da un beso y se despide, mientras lo hace, la pequeña le dice que no olvide que ella lo ama mucho, y que por favor cuidara de su madre y hermanito, a lo que él le responde que sí, que siempre iba a cuidar de los tres; le da un beso a la niña y sale a trabajar.  

Nurgelis se alista, pues ese día tenían cita médica; al salir del baño empieza a llamar a Maite y ella no responde, pasados unos minutos su hermanito la llama, Maite solo se voltea, lo mira y sonríe. Al ver que ya estaba tarde, Nurgelis empieza a vestir a Maite en su  cama, “cuando yo me concentro en los pies de ella a meterle el pantalón, yo sentí el cuerpo pesado, yo pegue un grito y llame a mi hermana: porfa sube que Maite se me desmayó y ella me dice ¿cómo asi que se desmayó? ya mi Maite estaba muerta porque el doctor dice  que cuando llegamos, ella no tenía signos vitales… ella volvió”. Cuando llegan a la clínica Cafam, los médicos dicen que Maite había sufrido un paro Cardiorespiratorio  y que allí mismo le habían dado tres más, por eso era necesario trasladarla. 

En medio del alboroto, hubo una confusión, en donde sale la ambulancia con la niña y la madre para la Clínica Cardio Infantil, mientras que el esposo de Nurgelis y su hermana para el hospital San José. Cuando la ambulancia llega, la doctora que las recibe afirma que Maite sufrió un quinto paro Cardiorespiratorio y a este no pudo resistir. En medio de lágrimas por la pérdida de la pequeña, el día miércoles 22 de mayo Maite se despide de la vida, de las personas que la amaban y acompañaron hasta el último momento.

El día del sepelio sus padres tuvieron gran apoyo por parte de su familia de la costa, puesto que todos vinieron a despedir a Maite junto con su segunda familia FUNDEI, quienes en homenaje a la pequeña les regalaron una corona en forma de corazón, apoyo de donaciones y un retrato de Maite, en donde expresa su característica sonrisa. Actualmente Maite cumplió un año de fallecida, de no estar acompañándolos, pero también se cumplió el primer año de aprendizajes y crecimiento para todos a los que Maite iluminó con su hermosa esencia.

ATENCIÓN

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