El 24 de mayo de 2006 en Orejero- Sucre, nace una pequeña morena con cabello crespo, llamada Maite Geraldine Pérez Acuña en el seno de una familia amorosa conformada por su madre Nurgelis Acuña y su padre Víctor Pérez, quienes, por su alegría desbordante, se reconocen por la costa atlántica colombiana.  Su nombre fue escogido en honor a su bisabuela, quien afirmaba que el nombre Maite se relacionaba con alegría, amor y positivismo. Desde el vientre de su madre se caracterizó por ser una bebé tranquila y desde entonces, fue amada por toda su familia, quienes la esperaban con alegría. 

A los dos meses de nacida Maite fue hospitalizada por gripa, desde ahí los doctores le dicen a su madre que debían hacer un estudio a profundidad porque notaban que la bebé podría tener alguna discapacidad. Desde siempre la acompañaron los abuelos maternos y tíos, después solo fueron sus padres. A los 2 años de edad Maite los sorprende con sus primeros pasos, un suceso que llenó de alegría a todos sus seres queridos. Siempre con una sonrisa, Maite mostraba que no había obstáculos para ella. Cuando sus padres deciden ir a vivir a Bogotá, para buscar mejores oportunidades, la doctora que da continuidad a sus controles les afirma que Maite con 4 años de edad, tiene síndrome de Down, pero esto no fue una noticia desagradable para los Pérez- Acuña.

Asistió al jardín en donde disfrutaba compartir con los demás niños, dibujar y pintar. A los 6 años de edad inicia su primaria en el colegio Gerardo Molina Ramírez; pero el ingreso al plantel educativo fue toda una travesía, pues al tener una discapacidad no querían integrarla en el aula regular. Cuando por fin la aceptaron, los profesores la discriminaron por su discapacidad y afirmaban que ella no podía con ese tipo de educación, insistiendo a sus padres que la inscribieran a otra institución que sí comprendiera y trabajara con niños en su condición.

Al colegio llega una docente llamada Mariela en el momento justo, pues a pesar de la discapacidad de Maite, ella se apasiona por impartir estrategias de conocimiento, exigiéndole aún más que a los otros niños. Desde ahí Maite empieza a disfrutar la etapa del colegio destacándose por su presentación personal, le gustaba siempre ir donde su tía a que le hiciera una trenza diferente cada día para que sus amigas la admiraran, en especial Melissa su mejor amiga, quien era su fiel defensora en los descansos. Amaba la clase de inglés ya que aprendía nuevas palabras que llegaba a compartir en casa con su madre, quien seguía el juego de repetirlas.

Además del colegio, Maite asistía a la Corporación Síndrome de Down, la que se encargaba de sus terapias ocupacionales y apoyo en psicología, esto con el fin de desarrollar y fortalecer sus habilidades. Un día, mientras Nurgelis esperaba en la parada del alimentador, se sube a este medio de transporte Yenny Umaña y su hija menor Valentina, anonadas por la sonrisa y belleza de la pequeña, la invitan a ser parte de FUNDEI, un lugar que abre sus puertas a personas con discapacidad, sus familias y cuidadores. En ese entonces los servicios de la fundación se realizaban en el colegio Delia Zapata. Es así como Maite inicia su trayecto en FUNDEI, donde encontró personas que marcaron su vida.

Amiguera, extrovertida, alegre y juguetona, así recuerdan los maestros de FUNDEI a Maite, pues en cada clase sorprendía a todos con su imaginación y sonrisa, una muy grande, hermosa y sincera. Hubo muchos recuerdos que la destacan, empezando por la clase de dibujo, en donde expresa su maestro Nicolás Mayorquín: “Una vez le tocó dibujar un cuento y empezamos a dialogar e inventar toda la historia y yo la entendía. Era de un sapo gigante, osea, estábamos pensando en cosas raras. Y ella se estaba imaginando que estaba volando en un sapo gigante; de toda la historia no me acuerdo, pero ella estaba metida en el video de que estaba en un sapo gigante”.

Yenny Umaña, directora de la fundación manifiesta que: “Como la describo… como una niña alegre. Una chica en desarrollo, porque ya no era una niña. Ya estaba en proceso de ser una mujercita, ya una joven de 13 años. Que tenía objetivos claros, ella ya sabía que quería ser y hablábamos con la mamá que ella quería ser doctora”. Era tanto amor que sentía Maite por FUNDEI,  que cuando llega Jhon Camacho, quien tiempo después se convierte en su profesor de refuerzos escolares, cuenta que: “Fue una de las niñas que se acercó a mí a decirme que me ayudaba. Muy amable, muy querida. De hecho me dijo como qué necesitaba. Entonces me miró y me mostró la fundación y me presentó a su mejor amigo Erick Amado en ese momento. Entonces fue como muy bonita”.

Jeimmy Alfonso y Jaime Rubio, voluntarios en ese entonces del área de jóvenes,  la recuerdan como: “La más creativa para la danza, en donde diseñó y recreó un vestido para bailar el mapalé y explicó la importancia de este ritmo de la región Caribe”. Maite participaba en todas las actividades y fechas especiales de FUNDEI, en donde proponía nuevos temas y animaba a sus demás compañeros. 

Además del baile, viajar era una actividad que Maite disfrutaba, tenía un espíritu aventurero, con sus padres visitó varios lugares como la Costa, Melgar, Girardot y Villeta. Su padre siempre disfrutaba verla tomar baños de sol mientras sonreía y agradecía por esos paseos. Una actividad que unía a la familia, y más después del nacimiento de su hermano Michael, después de insistir mucho, Nurgelis y Víctor convencidos por Maite tienen su segundo hijo, un pequeño que Maite amaba y protegía como un tesoro.

El martes 21 de mayo de 2019 en la noche, Maite empieza a quejarse de un dolor de estómago, pensando que eran cólicos, su madre le compra una buscapina esperando que la niña se sintiera mejor. Pasadas unas horas, el dolor no cesa, con algo de sed, la niña pide un suero, inmediatamente su madre va y le compra uno. Cuando llega la hora de ir a dormir, Maite expresa que no quiere dormir sola, por eso, su padre se queda en su cama y ella en la alcoba principal en compañía de su madre, quien le empezó a preguntar que si algo estaba pasando, a lo que Maite respondió que no, que todo estaba bien y que siempre la iba a amar mucho. 

A eso de la medianoche, Maite se despierta, se sienta en la cama, mira hacia la ventana y dice “Ay Dios, ayúdame”, inmediatamente su madre le pregunta qué sucede, sin decir nada más que abrázame, la toma en sus brazos y siguen descansando. Nurgelis se levanta a las 4 de la mañana para hacerle el almuerzo a su esposo, le dice a Maite que ya regresa, la niña se queda acostada. Como era de costumbre todos los días antes de ir a trabajar, Víctor se dirige hacia ella  para que  le diera la bendición antes de salir, pero ese día Maite seguía acostada. Por eso, él se acerca, le da un beso y se despide, mientras lo hace, la pequeña le dice que no olvide que ella lo ama mucho, y que por favor cuidara de su madre y hermanito, a lo que él le responde que sí, que siempre iba a cuidar de los tres; le da un beso a la niña y sale a trabajar.  

Nurgelis se alista, pues ese día tenían cita médica; al salir del baño empieza a llamar a Maite y ella no responde, pasados unos minutos su hermanito la llama, Maite solo se voltea, lo mira y sonríe. Al ver que ya estaba tarde, Nurgelis empieza a vestir a Maite en su  cama, “cuando yo me concentro en los pies de ella a meterle el pantalón, yo sentí el cuerpo pesado, yo pegue un grito y llame a mi hermana: porfa sube que Maite se me desmayó y ella me dice ¿cómo asi que se desmayó? ya mi Maite estaba muerta porque el doctor dice  que cuando llegamos, ella no tenía signos vitales… ella volvió”. Cuando llegan a la clínica Cafam, los médicos dicen que Maite había sufrido un paro Cardiorespiratorio  y que allí mismo le habían dado tres más, por eso era necesario trasladarla. 

En medio del alboroto, hubo una confusión, en donde sale la ambulancia con la niña y la madre para la Clínica Cardio Infantil, mientras que el esposo de Nurgelis y su hermana para el hospital San José. Cuando la ambulancia llega, la doctora que las recibe afirma que Maite sufrió un quinto paro Cardiorespiratorio y a este no pudo resistir. En medio de lágrimas por la pérdida de la pequeña, el día miércoles 22 de mayo Maite se despide de la vida, de las personas que la amaban y acompañaron hasta el último momento.

El día del sepelio sus padres tuvieron gran apoyo por parte de su familia de la costa, puesto que todos vinieron a despedir a Maite junto con su segunda familia FUNDEI, quienes en homenaje a la pequeña les regalaron una corona en forma de corazón, apoyo de donaciones y un retrato de Maite, en donde expresa su característica sonrisa. Actualmente Maite cumplió un año de fallecida, de no estar acompañándolos, pero también se cumplió el primer año de aprendizajes y crecimiento para todos a los que Maite iluminó con su hermosa esencia.