En el seno de la familia Ballesteros Romero, vive un joven de 18 años llamado Diego Esteban, diagnosticado con déficit cognitivo, autismo, retraso mental leve, pero a pesar de todo, Diego es un joven feliz y esa felicidad la irradia a diario con todo su entorno. Realiza actividades matutinas como dibujar, tender su cama y acompañar a sus padres. En las horas de la tarde asiste a terapias las cuales incluyen montar a caballo, música o natación, todas estas las realiza en diferentes sitios, es hijo único y el consentido de su familia.

Su más grande pasión son los carros: pequeños, grandes, viejos, nuevos de todo tipo. Diego se dedica a investigar cuando está en su computador, los precios que tienen en páginas web como OLX, también, como es la construcción de ellos; a veces los dibuja y combina toda clase de colores hasta que quede a la perfección y gusto de él. Cuando se sienta a ver televisión, le dice a sus padres que pongan el canal de History para ver el programa “locos por los autos” y si este no lo están presentando, en los canales de deportes pone las carreras de fórmula uno, ya que sueña con diseñarlos y manejarlos alguna vez en su vida y verse reflejado en un Juan Pablo Montoya, uno de sus grandes ídolos.

Diego desde muy pequeño estuvo hospitalizado y era investigado por los médicos ya que ninguno sabía con exactitud qué era lo que tenía: “Diego mostraba características variadas, algunos afirmaban que era un síndrome, hasta los diez años pude entender cuál era su diagnóstico”, afirma María Clemencia su madre. Sus padres han sido un apoyo en todo su trayecto de vida, afirman que son muchas las enseñanzas que tienen a diario con Diego y que su hijo realiza tantas actividades que los deja asombrados, para todos los conceptos que tenían los médicos.

La música es uno de sus hobbies favoritos, escucha de todo tipo de género: “Romeo Santos, uno de sus cantantes favoritos, en cuanto a la salsa le gusta que tenga mucho chucu chucu para poder cantarla y bailarla, pop y rock son otros géneros que no se quedan atrás para él”, dice María clemencia. Hace tres años están asistiendo a FUNDEI, gracias un sobrino de Maria Clemencia que les conto que, en su escuela, habían ido a hablar sobre un lugar de emprendimiento para las madres cuidadoras y sus hijos con alguna discapacidad.

Diego asistió hasta quinto de primaria a un colegio personalizado llamado Gimnasio de Guilford y después fue remitido a fundaciones, pasando por SINAPSIS y quedándose en FUNDEI por mayor comodidad para sus padres cuidadores y para el mismo Diego. En todos sus años de vida su familia a aprendido a conocerlo y a amarlo tal y como es, lo describen como un muchacho tranquilo, contento y alegre, que está dispuesto a luchar bajo cualquier situación que le ponga la vida. “Diego me ha enseñado tantas cosas, que, si hubiera nacido normal, me hubiera limitado a no aprender más cosas. Pero él me inspira a arriesgarme cada día”.  Son palabras de su madre.

En sus tiempos libres a Diego le gusta ir realizando al lado de “Art Attack” manualidades, esto acompañado de nuevos idiomas que también son enseñados en FUNDEI en el área de polyglot. Ha participado en múltiples eventos en la fundación como el mundial, carnaval de barranquilla, fiesta de disfraces, entre otros. Esto le ha enseñado que el compromiso es la clave de todo en su vida.

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